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El TTIP o la crónica de un desastre anunciado



El 18 de abril se celebrará el Día de Acción Global contra el Tratado de Libre Comercio e Inversiones (TTIP) que la UE y EEUU están negociando en secreto y que representa un atentado contra los trabajadores, la democracia y el medio ambiente.
Parar esta ofensiva del capital, que pretende dar a las multinacionales poder sobre los Estados y sobre las leyes, es el objetivo de la Campaña NOalTTIP, de la que Izquierda Unida es parte. 

Información sobre el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU o cómo las multinacionales pretenden regir nuestras vidas.


DÍA DE ACCIÓN GLOBAL 18 DE ABRIL CONTRA LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO E INVERSIONES

LAS PERSONAS Y EL PLANETA ANTES QUE EL CAPITAL

La UE y los EEUU negocian desde junio de 2013 un tratado de libre comercio e inversiones, el TTIP.

Anteriormente, la UE ha finalizado las negociaciones de otro tratado, el CETA, con Canadá que está a la espera de su ratificación por parte del Parlamento Europeo.

Las negociaciones actuales del TTIP se caracterizan por su absoluta falta de transparencia, que se reflejan en su nula presencia como noticia en los grandes medios de comunicación.

El objetivo de estos tratados es establecer un gran mercado trasatlántico de más de 800 millones de personas que consagraría el dominio de las grandes corporaciones transnacionales europeas y norteamericanas en detrimento de los ciudadanos de ambas partes del océano.

 Si bien sus defensores argumentan que son positivos para reactivar la economía la realidad es que estos tratados pretenden conseguir mayor competitividad exterior a costa de rebajar o eliminar las regulaciones laborales, sociales, económicas, sanitarias, educativas, culturales y ambientales, ya duramente atacadas por las sucesivas reformas habidas en nuestro país.

Las consecuencias de las posibles ratificaciones de estos dos tratados –y el de TISA, acuerdo sobre servicios en fase de negociación entre algunos países de la OCDE- afectarían a amplios sectores de la población a ambos lados del Atlántico, posibilitando políticas que amenazarían:

• Los derechos laborales como la libertad sindical o la negociación colectiva.

• La supervivencia de servicios públicos como la sanidad, la educación o pensiones.

• La gestión de los residuos, transporte o saneamiento y distribución de aguas que serían privatizados.

• La seguridad alimentaria al permitir los transgénicos en la agricultura, el ganado vacuno hormonado, el porcino y el aviar clonados.

• Los recursos naturales, potenciando el fracking e importando productos altamente contaminantes como las arenas bituminosas.

• La biodiversidad al apostar por la agroindustria que implica pérdidas de variedades locales y razas autóctonas y la paulatina desaparición de los paisajes rurales.

• El principio de precaución sobre uso de sustancias químicas al dejar de controlar su seguridad antes de la obtención del permiso comercial.

• la privacidad personal al permitir un mayor acceso y control sobre datos privados por parte de empresas proveedoras de internet y otras grandes corporaciones sectoriales.

• El acceso a los productos farmacéuticos al reforzar las patentes frente a los genéricos.

• La posibilidad de crear una banca pública y los mecanismos de control bancario que eviten nuevas crisis especulativas.

Para conseguirlo, estos tratados contemplan la implantación de dos mecanismos antidemocráticos que aseguren lo que los negociadores llaman la “armonización normativa” que no es más que una regulación a la baja de la legislación vigente.

Por un lado, el Consejo de Cooperación Reguladora, una especie de gobierno de las transnacionales que dictaminará lo que se puede o no se puede legislar en asuntos que afecten a sus intereses y, por otro, el mecanismo ISDS de resolución de conflictos entre empresas y estados, que garantiza las inversiones –y sus previsiones futuras de beneficios-­ de cualquier empresa ante potenciales políticas estatalizadoras o remunicipalizadoras, conflictos que habrían de resolver tribunales privados de arbitraje fuera de todo control democrático.

En definitiva estos tratados, bajo el disfraz de la mejora de la economía y del empleo, además de apuntar a mejorar la cuenta de resultados de las grandes empresas, permitirán la paulatina y perversa apropiación del poder político y judicial por parte del poder económico de las grandes corporaciones transnacionales.

Por todo ello, Izquierda Unida, como miembro de la campaña europea contraria a la firma del Tratado de Libre Comercio e Inversiones entre la UE y los EEUU y a la ratificación del Tratado del mismo signo ya firmado con Canadá, se adhiere al llamamiento a las concentraciones, manifestaciones y otros actos descentralizados del día de acción global del 18 de abril contra el TTIP, el CETA, el TISA y otros tratados de libre comercio e inversiones que han de celebrarse en ciudades y pueblos de la UE, de los EEUU y de Canadá.

EL 18 DE ABRIL APOYA LAS MOVILIZACIONES CONTRA EL TTIP, EL CETA Y EL TISA

NO A LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO E INVERSIONES


LAS PERSONAS Y EL PLANETA ANTES QUE EL CAPITAL


Para ver el periódico que edita Izquierda Unida sobre el TTIP, pincha aquí.